En esta coyuntura electoral el oportunismo sale a flote, hoy están
aquellos que llegan a nuestros barrios a ofrecer bonos de vivienda y hablar de
mejorar las condiciones de las mujeres como si sus partidos no fueran los
grandes culpables de la precariedad que han promovido. Hace cuatro años
prometían que con una mujer en la presidencia nosotras tendríamos más
oportunidades y la Red de Cuido se convirtió en el eje central de un proyecto
de gobierno que auguraba nuevos rumbos. Nada cambió. Laura Chinchilla al igual
que los gobiernos liderados anteriormente por hombres, seguía siendo un
gobierno de continuidad al servicio de los empresarios, no al servicio de las
mujeres y mucho menos de las trabajadoras.
Las condiciones en las que nos encontramos son
vergonzosas. Más de 143 mil mujeres quisieran tener o aumentar las horas en un trabajo remunerado y no lo
pueden hacer porque recae sobre ellas la atención de las obligaciones
familiares. Contamos con una brecha salarial de un 27% entre hombres y mujeres
para el sector privado y seguimos siendo las más afectadas por la
flexibilización laboral, la violación a los derechos laborales y los despidos
injustificados. A las madres
trabajadoras se les viola sistemáticamente el derecho a licencia de maternidad
y se les despide durante el embarazo y la lactancia, a pesar que es prohibido
legalmente.
Esta discriminación, parte de un aspecto
central, que es el interés del capitalismo de extraer el máximo de nuestra
fuerza de trabajo para incrementar sus ganancias y hace uso de la opresión
hacia la mujer para incrementar la plusvalía creando a través del machismo
falsas divisiones entre la clase trabajadora. Esa opresión es utilizada para
convertirnos en el sector más explotado. Por eso el problema de la mujer es un problema de clase y no solo un problema
cultural y mientras exista un modelo de sociedad en el que
se requiere de las mujeres como mano de obra barata nuestras condiciones no
mejorarán.
Hoy nos
plantean la continuidad de un modelo de sociedad que nos explota
Ninguno de los otros partidos que se
presentan en estas elecciones se plantea una lucha a fondo por los derechos de
las mujeres. Sus posicionamientos tímidos, responden al hecho de que para las
clases sociales a quienes representan, es necesario mantener la explotación
contra las mujeres. Un modelo de sociedad como el que plantean, en el que se
mantienen las bases de la explotación, es incompatible con la liberación de la
mujer y esto es lo que explica la debilidad y contradicciones de su programa.
En el tema salarial, cuando se les preguntó a
las candidatas a la vicepresidencia si estarían de acuerdo en aumentar el
salario mínimo para las trabajadoras domésticas, todos los otros partidos a
excepción del PT se manifestaron en contra, argumentando que decir eso en época
de campaña sería hacer demagogia política. La verdadera razón responde a que
ellas mismas son y están vinculadas a las empleadoras de esas trabajadoras domésticas
a las que necesitan explotar y mantener con el ingreso más bajo de la escala
salarial que hoy se encuentra en un monto vergonzoso de 158 mil colones
mensuales.
En materia de derechos sexuales y
reproductivos, las posiciones han oscilado entre los partidos que se oponen
rotundamente al aborto y aquellos que podrían considerar excepciones. El
partido Frente Amplio, que tanta expectativa generó en ciertos sectores, se
pronuncia por mantener la legislación tal y como está, apoyando únicamente el aborto
en caso de que se ponga en riesgo la vida de la mujer. Con estos
posicionamientos las más afectadas seguirán siendo las mujeres jóvenes y
trabajadoras. Las políticas restrictivas en materia de los derechos sexuales y
reproductivos responden al interés del capital por controlar el cuerpo de las
mujeres. Mientras las mujeres no decidamos sobre nuestro cuerpo, nuestra
sexualidad y la reproducción, seguiremos siendo las más explotadas.
En el tema del carácter confesional del
Estado, todos los partidos se han manifestado a favor del Estado laico con un
concordato con el Vaticano, es decir, seguir manteniendo los privilegios de la
iglesia católica y su intromisión en políticas sociales, y en particular en las
relacionadas con los derechos de las mujeres. El poder de la Iglesia Católica y
sus vínculos privilegiados con el Estado representan en la práctica un freno
para que avancen temas de reconocimiento de derechos humanos como lo son el
matrimonio igualitario o el acceso a la Fecundación In Vitro.
Partidos como el Frente Amplio quedan en
evidencia cuando se han vuelto tan conservadores en la defensa de los derechos
de la mujer y su propuesta no se diferencia de los otros partidos
tradicionales. Luego de que un sector denunciara las medidas de protección que
habían sido puestas en contra de Jorge Arguedas y de que se evidenciaran los
enfrentamientos internos entre aquellos que lo defendían y quienes lo atacaban,
hoy siguen las contradicciones a lo interno, y en una reciente entrevista
Patricia Mora manifestó que “si él se compromete a respetar
los principios éticos del partido y se compromete a respetar nuestra postura
con relación a todo lo que tiene que ver con cuestiones de género y absoluto
respeto a las mujeres, podría entrarse en una conversación con él". Esas declaraciones vergonzosas, las hace nada menos que la presidenta
del partido y candidata a diputada por San José. Es ridículo decir que la
postura del partido es de respeto absoluto a las mujeres cuando al mismo tiempo
señala su disposición por sentarse a trabajar con un agresor.
Otra figura que ha generado gran expectativa,
ha sido Ana Elena Chacón quien hoy es candidata a la vicepresidencia por el
Partido Acción Ciudadana. Ana Elena, quien ha sido defensora de los derechos de
las mujeres y sectores oprimidos, fue también una de las grandes defensoras del
Tratado de Libre Comercio y su agenda de implementación como diputada del
Partido Unidad Social Cristiana. No podemos simplemente mirar hacia adelante,
como ella misma ha afirmado, y negar lo que ha sido el TLC como un proceso de
condena a la pobreza a miles de trabajadores y con mayores impactos para las
mujeres. En el PT no creemos en el modelo de libre comercio, y menos aún como
oportunidades para las mujeres, a las cuales se les ilusiona con propuestas de
emprendedurismo y posibilidades de encadenamiento en ese gran monstruo que es
el Libre Comercio. Estamos en contra del TLC, queremos denunciarlo, salir de
ahí y construir una economía donde las personas trabajadoras tengan el poder de
decisión, el total control de los medios de producción. En ese modelo, las
mujeres trabajadoras serán el centro y no beneficiarias marginales que pelean
entre sí por las migajas que quedan después del despojo que hace el gran
capital transnacional.
El PLN y el PUSC por su parte ya han tenido
sobradas oportunidades para demostrar
que no les interesan los derechos de las mujeres, mucho menos de las
trabajadoras. Todas las promesas se quedan en la publicidad de la campaña electoral
y luego se vuelven a acordar de nuestra existencia cuando se acerca el próximo
período. Para muestras, la Red de Cuido, que después de 3 años de gobierno, en
febrero del 2013, sólo había 2 Centros de Cuidado funcionando en todo el país[1].
Además de estos, han figurado los partidos
religiosos, cuya posición es clara en el ataque a los derechos de las mujeres y
a los derechos sexuales y reproductivos en particular. Posiciones como las de
Justo Orozco, del Partido Renovación Costarricense, generaron fuertes
movilizaciones en el año 2012 por sus declaraciones abiertamente machistas y
homofóbicas. La labor legislativa de
estos partidos se ha dedicado a entorpecer cualquier intento de avance a favor
de sectores oprimidos.
Solo
hay una alternativa a favor de las mujeres trabajadoras en estas elecciones
Por esto, reiteramos que en estas elecciones
solo hay una alternativa dispuesta a luchar por la liberación de la mujer. El
Partido de los Trabajadores es categórico en plantear que en el capitalismo no
hay salida ni solución para las mujeres, porque la defensa de nuestros derechos
no puede ir desligado del modelo económico. A lo sumo habrá salidas parciales
que seguirán excluyendo a las mujeres trabajadoras y pobres. Las mujeres
trabajadoras no queremos reformar el capitalismo, sino construir una nueva
sociedad socialista en el cual nuestros derechos sean centrales.
Llamamos a todas las mujeres trabajadoras a
que nos apoyen con su voto y a que continuemos luchando por la eliminación de la desigualdad salarial,
por la garantía de los derechos laborales, por servicios de cuido universales,
gratuitos y de calidad, por la protección inmediata para las mujeres agredidas,
en defensa del derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos.
Este 2 de febrero, en defensa de los derechos
de las mujeres trabajadoras, ¡nuestro voto es arriba y a la izquierda!
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